
El 22 de enero, en el transcurso de la Eucaristía celebrada en nuestra Parroquia con motivo de la festividad litúrgica de San Vicente mártir, su Emª Rvdma. D. José Ángel Saiz Meneses (Arzobispo de Sevilla) impuso a nuestra hermana Guadalupe Salas Allende la medalla «Pro Ecclesia et Pontifice» otorgada por su Santidad el Papa Francisco en reconocimiento por su labor incansable al servicio de la Iglesia. Con este gesto, el santo padre reconocía toda una vida de radicalidad evangélica en la entrega generosa a los anawin (pobres de Yahvé) quienes, desde hace muchos años ya reconocen en ella la presencia del Señor que los cuida y protege por su mediación.

Nuestro párroco y Director Espiritual, el P. Carlos Coloma, en sus palabras ponía de manifiesto ante la asamblea la realidad de nuestra hermana y lo que significa para todos los que han tenido el regalo de Dios de cruzarse con ella: «en ella siempre vemos reflejado el amor del Señor hacía los más necesitados. Para nosotros, Lupe es parte de nuestra familia. Así lo sentimos los miembros de nuestra comunidad parroquial y muchos vecinos de nuestro barrio. Sus monjas del Colegio del Santo Ángel de la Guarda y el laicado angelino al que pertenece. Así lo sentimos en su Hermandad de Ntra. Sra. del Rosario de los Humeros donde la Virgen conoce su devoción y cariño y donde es referente para todos, sobre todo los más jóvenes. Así la sienten en ONUVA, donde participa y vive también su fe y amor a la Virgen y a los pobres, porque ella forma parte de la vida de muchos […] Lupe siempre trae algo entre manos. Lo mismo está en el hospital, acompañando a alguien que no tiene a nadie a quien acudir, que en la calle, atendiendo a quienes allí habitan. Acompañando al médico o a algún consulado con un inmigrante. En alguna reunión con instituciones o asociaciones que se dedican al trabajo social… No le importa la hora que sea, de día o de noche»
El templo parroquial estuvo repleto de fieles, estando representadas todas las realidades eclesiales que conforman la Parroquia (Cáritas, Vida Consagrada, Hermandades) así como miembros de Cáritas Diocesana, el Laicado Angelino y la Fraternidad de la Madre de Dios (Onuva) en reconocimiento a la labor evangélica que Guadalupe ha desarrollado a lo largo de su vida.
Nuestra hermana cuenta con varios reconocimientos civiles tales como el Premio Nacional de Voluntariado (2008) o la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo (2010) tras toda una vida trabajando en el Área de Trabajo e Inmigración de la Subdelegación del Gobierno en Sevilla. Unidad de emigración, lo que atestigua cómo en todos los ámbitos es reconocida la labor de esta mujer que ha dedicado su vida a ayudar a los demás, no solo de forma caritativa, sino profesionalmente. Ella es ejemplo para el laicado en la Iglesia de cómo ha de ser el papel que tenemos que desempeñar en nuestro mundo para implantar el Reino de Dios en nuestro tiempo.
Lupe nos devuelve la posibilidad de soñar con que otro mundo es posible. Lo único necesario para lograr el cambio que todos anhelamos es que seamos capaces de acompasar los latidos de nuestro corazón a los de Dios. Si la miramos a ella y seguimos sus pasos veremos cómo el Señor puede obrar milagros cotidianos con nuestras manos. Poco a poco iremos muriendo a nosotros mismos hasta llegar, como ella, a experimentar que “ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal. 2, 20).
Demos gracias a Dios por poner en nuestra Hermandad la presencia de Guadalupe. Esto es, a un mismo tiempo, una bendición y una exigencia. Ante su ejemplo, no podemos permitirnos el lujo de mirar para otro lado ante las necesidades y las injusticias que sufren tantos hermanos a nuestro alrededor. No podemos tirar de frases manidas como: “es que el mundo no tiene remedio”, “yo no puedo hacer nada ante…” En los Humeros tenemos la prueba fehaciente de que si colaboramos, para Dios no hay nada imposible.
